viernes, 17 de noviembre de 2017

El imperio de la luna de agosto. Auge y caída de los comanches

El imperio de la luna de agosto. Auge y caída de los comanches


S.C. Gwynne
Turner
488 pp.

Al hablar de los comanches, Gwynne abre los ojos al lector ampliando la mirada sobre Norteamérica, mostrandole una parte de su cara oculta y ayudándole a comprender un poco mejor las raíces y el presente del país que ha conseguido convertirse en el más poderoso en el mundo.


S.C. Gwynne
Turner
488 pp.





¿Si hubiera vida en la luna, tendría interés conocer qué ocurre en su cara oculta?  Seguro que sí. Y con la historia, podemos decir que ocurre lo mismo. La historia tiene sus caras ocultas y no por ello menos reales. Tiene sus agujeros negros que se han tragado acontecimientos, conflictos y pueblos enteros cuyo rastro se ha difuminado hasta casi desaparecer.

Los indios norteamericanos se han convertido en un capítulo importante de ese mundo no visible de la cara oculta de la historia. Una historia marcada por el éxito extraordinario del país donde vivieron, los Estados Unidos de América, y por el olvido donde han caído tanto sus pobladores originales como las abrumadoras penalidades que sufrieron cuando los hombres blancos procedieron incontenible y metódicamente a ocupar sus tierras.

Terminadas las guerras y colonizado el país entero, después de empujar 'la frontera' hacia el oeste hasta alcanzar el Pacífico, los indios se hicieron invisibles, fueron el vecino despreciado e incómodo. Su pasado quedó encerrado en el género de las películas de vaqueros y la gloria y la razón quedaron depositadas en los esforzados granjeros y aventureros que representaban al mundo civilizado. Hoy, para el ciudadano común, para los herederos de esa época de conquista y de civilización del gran solar norteamericano, los indios se han visto reducidos a una minoría marginal, por no decir arrasada, con la tranquilizadora excepción de unas pocas comunidades que supuestamente consiguieron nadar en los dólares procedentes del negocio de los casinos en que convirtieron las tierras que heredaron de la vieja tribu.

Gwynne vuelve su mirada hacia esta parte oculta de la historia para rescatar el tramo final y abrupto de una civilización que vivió aislada, envuelta en sus tradiciones y en sus modos de vida, hasta la llegada de los primeros colonizadores europeos. Pero es mucho hablar del pueblo o de los pueblos indios cuando fueron tantos y tan variados en costumbres y en organización social los que ocuparon Norteamérica. Los indios fueron en realidad un racimo de poblaciones divididas en grandes tribus ramificadas a su vez en comunidades y en bandas de lo más diverso aisladas unas de otras y a menudo en guerra entre sí.

Los comanches son la tribu que ocupa el interés de Gwynne y a la que dedica el libro. Son la poderosa tribu que ocupa las praderas del centro y el sur de lo que hoy es Norteamérica. Una tribu separada del exterior por una barrera geográfica que la aísla y defiende del resto del mundo de un modo natural y ocupando un inmenso territorio donde sus diversas ramas campan a sus anchas desplazándose de un lugar a otro a lo largo del año y viviendo de las extraordinarias manadas de bisontes de cuya caza extraían sus medios de vida.

Gwynne no es un nostálgico ni un moralista. Y su intención no fluye en la dirección de la antropología que busca reivindicar al buen salvaje. Lo que pretende es proyectar una mirada actual sobre lo que se puede definir como un desequilibrado choque de civilizaciones cuyos términos sólo se pueden observar en su totalidad con el paso del tiempo.

Hablar de los comanches es hablar también de los colonos venidos de Europa. Y exponer los argumentos de unos obliga asimismo a exponer los de los otros para componer los términos de un enfrentamiento sin compromiso posible. Es cierto que a los comanches les corresponde en el libro un protagonismo mayor del que tienen los colonizadores blancos. Pero no es una preferencia gratuita del autor la que les concede una mayor relevancia. Es el desconocimiento que ha habido sobre ellos, sobre sus comportamientos, sobre sus modos de vida y sobre su particular carácter lo que obliga a prestar especial atención a su mundo y a ponerlo al mismo nivel del mundo de los blancos, que conocemos tan bien, para enfrentar uno y otro.

En alrededor de veinte años, los comanches pasaron de tener su máximo poder a convertirse en una tribu depauperada, diezmada por las enfermedades, las guerras contra el ejército y las partidas norteamericanas y por el hambre. Estamos en la segunda mitad del siglo XIX.

La comanchería, un amplísimo territorio de praderas había alcanzado su máxima extensión gracias al coraje y al poder guerrero de las bandas indias que la poblaban. Los comanches habían destacado sobre los demás indios por su capacidad de montar y guerrear a caballo. Fue ésta una diferencia circunstancial porque el caballo llegó a América con los españoles y tardó un tiempo en difundirse fuera de sus propiedades. Hubo que esperar a que el ejército de la Corona de España perdiera algunos animales en combate o que pequeños robos llevaran a territorio indio algunos ejemplares para que el caballo se extendiera en el mundo de las praderas.

Otros indios asistieron a la llegada a América de los caballos, pero sólo los comanches los asimilaron y los convirtieron en puntal para un nuevo modo de vida. Y sólo los comanches desarrollaron el cuidado de los caballos y el entrenamiento militar como un modo de afrontar la relación con su entorno. Los comanches, en la época de enfrentamiento más agudo con el hombre blanco habían derrotado ya a los apaches con quienes se habían enfrentado en una guerra de exterminio. En su educación, desde muy jóvenes, los comanches aprendían a cabalgar y a manejar el arco con una destreza como ninguna otra tribu y con una eficacia que superaba a la de los militares americanos atrapados todavía en las reglas de las guerras napoleónicas. A caballo, los comanches superaban a las partidas que defendían los fuertes establecidos en la frontera y hacían de su territorio un santuario inviolable y desconocido para los extraños.

Pero había más. Los comanches eran maestros en el manejo de lo que ahora llamaríamos terror. Su crueldad en la batalla o en las expediciones de ataque era tal que el hombre blanco quedaba desconcertado ante la orgía sanguinaria de los indios de las praderas. Las peores torturas, la decapitación, el arranque de las cabelleras, las mutilaciones eran moneda común en las incursiones comanches. Y eran un argumento añadido en la creación de la imagen del indio como un ser inhumano, dotado de una conciencia moral perversa, al que había que derrotar por cualquier medio.

Es difícil, en la Norteamérica de hoy, hallar el rastro de unas poderosas comunidades que reinaron en su territorio hasta bien avanzado el siglo XIX. La historia de los indios quedó suplantada por la de los colonos blancos que fueron quienes escribieron la historia de la creación de los Estados Unidos y quienes vieron en la construcción de su propio país algo nuevo y heroico sin más protagonistas que ellos mismos, su sacrificio y el enorme esfuerzo desplegado por dominar cualquier adversidad que se opusiera al avance de la civilización de la que eran portadores.

Gwynne nos abre los ojos ampliando nuestra mirada sobre Norteamérica, mostrando al lector una parte de su cara oculta y ayudándole a comprender un poco mejor las raíces y el presente del país que ha conseguido convertirse en el más poderoso en el mundo.

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lunes, 6 de noviembre de 2017

Horizonte móvil. Una expedición literaria a la Antártida

Horizonte móvil. Una expedición literaria a la Antártida

Daniele Del Giudice
Ático de los libros, 2016
169 pp.

La lectura de 'Horizonte móvil' es entretenida y enriquecedora. Representa una oportunidad de acercarnos al continente antártico desde las perspectivas paralelas de las expediciones de hoy y del pasado.


Daniele Del Giudice
Ático de los libros, 2016
169 pp.






Será el cambio climático, será la fascinación que ejerce lo desconocido, será la admiración que despiertan las grandes hazañas, lo cierto es que los polos se han puesto de moda y han pasado de ser una tierra incógnita y ajena a unos lugares que consideramos a nuestro alcance y que despiertan todo el interés.

Las penosas expediciones de los primeros aventureros, que se atrevieron a adentrarse en los lugares más duros e inaccesibles del planeta, se han convertido en epopeyas entre las que sobresalen solamente unas pocas que alcanzaron gran popularidad. Pero de muchas otras, las noticias solamente han llegado hasta los muy interesados que rebuscaron en la documentación dejada por marinos o en instituciones bajo cuyo patrocinio se llevaron a cabo.

Daniele Del Giudice nos propone casi un juego. Nos habla de su propio viaje hacia el Polo Sur y también de viejas expediciones que se arriesgaron a entrar en los hielos antárticos para explorar la tierra y los mares más meridionales del globo.

El viaje de nuestro autor sigue la estela de otros viajeros por tierras australes de América. Retoma el interés de Chatwin por dejarse llevar hacia el sur y por hablar y encontrarse con personas, paisajes y lugares que dan cuenta de la singularidad de esta región extrema. Del Giudice viaja en coche, para pisar el terreno y ir a su aire por caminos poco trillados. Pero, por supuesto, lo suyo no es sólo el romanticismo de deambular sin prisa deteniéndose en paisajes y en recuerdos. Llegar al polo, que es su objetivo, requiere contar con un avión, el buen tiempo necesario para volar en una región tan inhóspita y un lugar donde alojarse en medio de una nada en la que solo han puesto el pie unas pocas bases científicas internacionales.

El relato de Del Giudice nos habla de sus experiencias en lugares que tienen mucho de extraordinario y mueven a la reflexión. Pero nos habla también del pasado de estos lugares porque, en lo que son hoy, pesa de manera singular la presencia a finales del XIX y principios del XX de los primeros colonizadores venidos de todas partes del Europa y América para hacer fortuna y para 'domesticar' un territorio abandonado, cuyos únicos habitantes autóctonos sobrevivían en condiciones extremas y en medio de la penuria.

El pasado cuenta y en este caso es especialmente rastreable por lo reciente. De aquí que el autor recurra a algunas de las expediciones que se aventuraron por los mismos lugares que él recorre y que aportan un punto de vista distinto del suyo. A modo de diario, Del Giudice intercala entre los capítulos donde cuenta su propio viaje, el relato de algunos episodios estas otras expediciones. Las voces de uno y de otros se entremezclan y expanden el horizonte que se abre ante el lector. Las dificultades de la navegación, la vida en una región en buena parte salvaje, la extrema dificultad de desplazarse, la población india... todo un abanico de realidades amenazadoras en aquel momento regresan al presente en una reconstrucción de lo que fueron las regiones australes hace poco màs de cien años.

Horizonte móvil representa una nueva oportunidad de acercarnos al continente antártico desde perspectivas distintas aunque paralelas. Es una lectura entretenida y enriquecedora. Y con la mirada puesta tanto en los hitos de la exploración del pasado como en los proyectos más avanzados de la ciencia que se desarrollan en el polo abre una puerta también al futuro y a la percepción de la importancia que los polos tienen para el avance del conocimiento.

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martes, 10 de octubre de 2017

Uzbekistán

Uzbekistán

Antonio Checa
Renacimiento, 2016
278 pp.

Antonio Checa nos lleva de viaje a Uzbekistán. Su libro, además de aportar al lector una extensa información, compone un retrato del país, tal como es hoy, útil y lleno de interés.


Antonio Checa
Renacimiento, 2016
278 pp.






Entre la mítica Ruta de la Seda y el descalabro de la URSS, Uzbekistán ocupa ese espacio incierto del que todavía no nos hemos hecho una idea cabal. Bujara, Samarcanda, un tren de alta velocidad, el mar de Aral desecado, el próspero valle de Fergana… son piezas de un puzzle cuya imagen a medio componer resulta todavía confusa.

Por ello es bien recibido un libro cuyo título no deja lugar a dudas. Uzbekistán es el nuevo libro que nos trae Antonio Checa después de haber viajado por el país y de haberse documentado exhaustivamente.

¿Se trata de un libro de viajes? No. Más bien, y valga la licencia, se trata de un artículo de wikipedia pero mucho más largo. Es casi un estudio sobre el país para situar al lector e instruirlo ofreciéndole información básica en casi todas direcciones. Información para que tenga sobre el país una percepción lo más amplia posible como la tiene de muchos otros países que conoce mejor y percibe como más cercanos.

Son muchos los temas de los que trata el libro. El pasado, la historia sobre la que se asienta el Uzbekistán de hoy, ocupa como no podía ser de otro modo un espacio. Una historia repartida en dos momentos, el más reciente el del país como una de las repúblicas de la Unión Soviética y otro mucho más lejano como cabeza del imperio que construyó Tamerlán y que ahora sirve de instrumento para alimentar una identidad nacional con tintes de gloria.

Con todo, la hstoria no es lo más relevante porque el presente ocupa la mayor parte de las páginas del libro. La gente, asunto que incluye a las diversas comunidades que viven en el país, los problemas que desde un punto de vista actual supone el trabajo de los niños o los matrimonios jóvenes, la política tan marcada por el proceso de desintegración de la URSS en la configuración de las nuevas élites, o el medioambiente en un país en buena parte desértico y que ha sufrido la agresión debida a la intervención humana que dio lugar a la muerte del Mar de Aral, la relación no exenta de problemas con los países vecinos, la economía... componen el abanico de temas sobre los que se centra el libro, cuya ordenación meticulosa recuerda muchas veces a un informe ofcial.

Una segunda parte es más 'viajera'. En ella cambian el tono y la mirada que animan el texto. Es la que se refiere a las ciudades que más resuenan en la imaginación y más ocupan el interés de quienes viajan a Uzbekistán. La capital Taskent y las ciudades míticas de Samarcanda, Bukhara y Khiva forman parte del recorrido por el que Antonio Checa acompaña al lector. Luego, desfilan también otras ciudades menos conocidas o menos literarias como son Urgench, Shahrisabz y Qarshi.

Aquí la importancia del dato y de la información que trata de ser objetiva pierde importancia frente a la experiencia del autor que se convierte en guía o en comentarista de los lugares a donde viaja, de lo que le llama la atención y de todo lo que le suscita un comentario.

Quizás al lector este Uzbekistán le resulte algo frío, quizás hubiera deseado un libro con más alma. Lo que va a reconocer en todo caso es que le va a aportar una gran información y que compone un retrato del país, tal como es hoy, útil y lleno de interés.

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martes, 26 de septiembre de 2017

Polinesia, paraíso encontrado

Polinesia, paraíso encontrado

J. Dumont D'Urville y R.L. Stevenson
Círculo de Tiza, 2017
361 pp.

'Polinesia, paraíso encontrado' reúne fragmentos de dos de los mejores relatos que dio el siglo XIX sobre ese paraíso lejano y seductor que fueron para Europa las islas de la Polinesia.


J. Dumont D'Urville y R.L. Stevenson
Círculo de Tiza, 2017
361 pp.





Círculo de Tiza continúa alimentando su colección de relatos a dos voces sobre lugares remotos y siempre con un tinte exótico. Polinesia es el título que se añade a la serie y que de nuevo viene ilustrado con cuidadas imágenes de época -estampas, fotografías- que ponen en contexto lo que cuentan los autores y que hacen del libro un objeto grato y atractivo.

Jules Dumont D'Urville, francés, marino, geógrafo, explorador y presidente de la Sociedad Geográfica de París es el autor del primero de los textos que recoge el libro: Viaje pintoresco alrededor del mundo. Hawái y Tahití.

De Robert Louis Stevenson, escocés, célebre novelista, poeta y ensayista, se recoge en el libro una parte de En los mares del sur, que escribió en los últimos años de su vida.

Nada mejor para situar este Polinesia, paraíso encontrado que la nota con la que lo presentan los editores:

“El libro que el lector tiene entre sus manos -dice- reúne fragmentos extensos de dos de los mejores relatos que dio el siglo XIX sobre el "paraíso encontrado" de las islas de la Polinesia. En primer lugar ofrecemos los capítulos dedicados a los archipiélagos más importantes, Hawái y Tahití, por el viajero francés Jules Dumont D'Urville, en los que narra su viaje de 1831 a esas por entonces casi desconocidas tierras insulares del remoto Pacífico suroccidental, apenas sesenta años después de su descubrimiento y conquista a cargo del británico sir James Cook. (...)

A continuación ofrecemos la primera parte, dedicada a las Islas Marquesas, del que se considera uno de los mejores relatos de viajes de la literatura universal, En los mares del Sur, la narración que realiza Robert Louis Stevenson de sus viajes y permanencia en Polinesia durante los últimos años de su vida, entre 1888 y su fallecimiento en Samoa, en 1894. Esta primera parte del libro de Stevenson, que consta de cuatro partes, contiene las reflexiones más profundas y la visión más cargada de sorpresa y frescura de toda la obra. (...)

Desde el espíritu científico y la óptica pragmática que anima a obra de Dumont D'Urville, hasta la visión antropológica y empática de Stevenson, pasando por la tristeza mal disimulada que aflora en los rostros de los indígenas retratados por los fotógrafos del siglo XIX, a lo largo de este libro vemos la transformación de este "paraíso encontrado" en una especie de infierno terrenal, en el que la población aborigen se va viendo diezmada por las enfermedades, la aculturación forzosa, la sujeción a los intereses comerciales de las potencias coloniales. Desde su perspectiva profundamente humanista, Robert Louis Stevenson denuncia a su manera las secuelas del colonialismo, sin dejar de ponderar las ventajas de la civilización, siendo uno de los primeros occidentales en advertir los peligros de aquel: "la experiencia comienza a demostrarnos (...) que un cambio de costumbres resulta más mortífero que bombardeo."

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martes, 5 de septiembre de 2017

La caída de los otomanos. La Gran Guerra en el Oriente Próximo

La caída de los otomanos

Eugene Rogan
Crítica, 2015
784 pp

'La caída de los otomanos' es una lección de historia novedosa y sumamente atractiva para quienes desean comprender un poco mejor Turquía.


Eugene Rogan
Crítica, 2015
784 pp






Turquía casi nunca ha resultado un país amable a ojos de occidente. En la frontera con Asia, de religión musulmana y con una cultura netamente distinta de la europea, se la ha visto más como una amenaza que como un estado vecino con el que es posible convivir.
De hecho, la historia que nos ha llegado y sobre la que se ha construido nuestra opinión sobre Turquía es la escrita desde la mirada de los europeos rechazando cualquier punto de vista que pudiera nacer del otro lado de la frontera, del lado turco.

La caída de los otomanos llena justamente el hueco que nace del relato efectuado desde un solo punto de vista y decide poner el centro de gravedad en Turquía para explicar desde ahí la última etapa de la vida del imperio otomano y su disolución para dar a luz a lo que sería la Turquía moderna.

Como todas las simplificaciones, lo del 'enfermo de Europa ', referido a un imperio moribundo y sin perspectivas de supervivencia, encerraba una verdad pero dejaba de lado multitud de asuntos de suma importancia. Ayudaba más a confundir que a comprender la realidad. Un imperio de más de cuatrocientos años no se liquidaba por una simple enfermedad, seguía siendo un organismo vivo, con una elaborada administración y con una relación entre naciones y países que formaban su imperio compleja, tejida a lo largo de mucho tiempo.

Es significativo que quien escribe este nuevo relato no es un historiador turco. Es un autor norteamericano sorprendido por la asimetría del trato dado a occidente y a Turquía cuya voz era silenciada y cuya presencia se veía por ello mismo privada de razones y deshumanizada.

Dos partes muy distintas componen este libro que interesa tanto por lo que supone de equilibrio sobre la historia ya pasada como por la luz que arroja para comprender algo mejor el presente.

La primera parte, muy estimulante, trata de de los años finales del siglo XIX hasta el inicio de la Primera Guerra Mundial. Años que ponen al imperio otomano en contacto con un mundo cambiante y lleno de amenazas que arrancan de la inestabilidad que se vive en Europa. El surgimiento de los nacionalismos, uno de cuyos episodios acabará siendo el asesinato del heredero del imperio austriaco y el inicio de la Gran Guerra, está en el origen de una fuerte convulsión en los Balcanes después de que el imperio turco perdiera Grecia, convertida en estado independiente, y de que se viera arrastrado a una sucesión de guerras regionales de las que salió fuertemente desgastado.

Sus enemigos tradicionales, los rusos que persisten en asegurarse una salida al Mediterráneo por territorios otomanos, el imperio austríaco con intereses en los revueltos países balcánicos sobre los que Turquía ejerce influencia, las potencias coloniales como Francia y el imperio británico mueven a su conveniencia las fichas de una partida en la que Turquía resulta en todos los casos perdedora.

El encono en el conflicto con Armenia aparece expuesto con detalle, azuzado por los rusos y utilizado como propaganda contra Turquía por las potencias occidentales que esperan sacar provecho de la situación. Y alimentado por el miedo de las autoridades otomanas de una desmembración del territorio nacional que hiciera ingobernable un imperio con demasiadas grietas para permitir una más en su corazón mismo.

La segunda parte del libro se centra en el papel de Turquía en el inicio y durante la Primera Guerra Mundial. Las sociedades secretas a las que se acusa de estar en el origen del supuesto complot contra Erdogan en el presente, están sin duda ninguna en el origen de la pérdida de poder del sultán y de la toma de las riendas del estado por los Jóvenes Turcos. Jóvenes y laicos pero rodeados de una sociedad intensamente religiosa con la que deben contemporizar en el intento de conseguir la misma modernización del imperio que ya intentó años atrás el sultán y de la que tuvo que arrepentirse al comprobar que para hacer frente a la hostilidad y codicia de los estados vecinos tenía que regresar a unir el país bajo el paraguas de los viejos valores otomanos.

El drama de los Jóvenes Turcos corre paralelo a las estrategias de las potencias continentales ávidas de recoger los despojos de un imperio al que ven sin recursos suficientes para defenderse. Las maniobras de Francia, Inglaterra, Rusia, Austria, ¡incluso Italia! llevan a Turquía a aliarse con Alemania, como última alternativa. Y generan una cadena de confusiones y errores de cálculo que van a tener dramáticos resultados.

El primero de los errores lo comete Alemania que supone que Turquía entrará fácilmente en guerra y que el sultán llamará a los muchos millones de musulmanes que viven bajo el dominio del imperio británico a emprender una guerra santa en nombre del islam, a enfrentarse a las autoridades fieles a la corona inglesa y a abrir un frente oriental que desbaratará los planes de Londres. Los turcos no desean entrar en guerra y apurarán hasta el último minuto para tratar de recomponer las alianzas que les permitan no involucrarse en el conflicto.

El segundo error de cálculo es el que cometieron los aliados de Francia, Inglaterra y Rusia convencidos de que el imperio otomano estaba al borde del colapso y en pocos meses caería derrotado. Nada de esto ocurrió. Una enorme capacidad de resistencia se levantó para hacer frente a los ejércitos aliados y, tras un inicio poco brillante en lo militar Turquía supo reorganizar a su ejército y mantener en jaque a sus enemigos durante años en una durísima guerra en los frentes orientales.

Si la primera parte del libro se inclina hacia la geoestrategia y profundiza en el contexto europeo que envuelve a Turquía y del que debe defenderse, la segunda parte gira sobre todo alrededor de la estrategia militar y de las batallas que marcaron el transcurso de la contienda y concluyeron con el desmembramiento de lo que había sido un gran imperio.

Una lección de historia, desde un punto de vista que ayuda a comprender mucho mejor Turquía, es la que nos ofrece este exhaustivo relato centrado en los últimos años del imperio otomano. Una lección de historia novedosa y sumamente atractiva para quienes desean comprender un poco mejor a ese extenso país en la frontera entre Europa y Asia que occidente ha visto siempre en la lejanía, como un vecino incómodo en el que es difícil, sino imposible, confiar.

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miércoles, 12 de julio de 2017

Dentro del Secreto. Un viaje por Corea del Norte

Dentro del Secreto. Un viaje por Corea del Norte

José Luís Peixoto
Xordica, 2016
240 pp.

Con buen tono y siempre una punta de humor "Dentro del Secreto" cuenta un largo viaje y una extensa reflexión sobre un país insólito como es Corea del Norte.


José Luís Peixoto
Xordica, 2016
240 pp.





Hay calificativos que convienen de manera especial a unos o a otros países. Extravagante quizás es el único aplicable a un solo país y ese país es Corea del Norte. Las noticias que llegan de los contados viajeros que han visitado el país han creado la imagen de que han estado en una especie de circo donde casi todo es a todas luces falso y que cada experiencia es un peldaño añadido a ese más difícil todavía que reta continuamente al sentido común. Un circo inquietante sujeto a un control férreo, con armas nucleares, empobrecido y con una población enajenada que poco tiene que ver con la que conocemos fuera de sus fronteras.

José Luís Peixoto, portugués, ha escrito novelas, poesía, teatro y está dispuesto a viajar a ese otro mundo que es Corea del Norte para conocer de primera mano lo que allí se cuece. Viajar con el atractivo añadido de que aprovechará las celebraciones del aniversario del nacimiento de Kim Il-sung, el fundador del nuevo estado, y participará en un recorrido especial que no suele estar abierto a visitantes extranjeros. El suyo promete ser un viaje excepcional.

Como es lógico, nuestro viajero ha leído sobre Corea, está bien informado y cuenta con la tutela rigurosa a la que se aplicarán los guías cuidando de su rebaño de turistas. Hace amago de sufrir cuando debe entregar en la frontera su teléfono móvil que no recuperará hasta la salida del país pero sabe que es parte del ritual con que el estado coreano recibe a quienes vienen de fuera. Y se sorprende de las explicaciones de la guía aprendidas como un loro y carentes de espontaneidad y vida. Pero la curiosidad, el espectáculo circense, va perdiendo brillo a medida que se prolonga el viaje y se repiten las escenas. Y deja paso al hartazgo porque es difícil mantener la broma a lo largo de la función, fingiendo que es real y con la presión de seguir la corriente a los guionistas asintiendo con una sonrisa a cada uno de sus discursos.

Sin embargo, y que haya una posición crítica, tampoco nos sitúa frente a un libro áspero. Que el autor transmita ese desasosiego creciente a lo largo del viaje no implica que abandone el humor y que su relato se convierta en una losa para el lector. Todo lo contrario. Las anécdotas que cuenta mueven a la sonrisa. La pelea con la hoja de afeitar, con el ascensor del hotel o con la dureza del colchón muestran a las claras que Peixoto es un escritor/espectador con cintura y que sabe poner distancia e ironía con aquello que está viviendo. Sabe y cuenta que el país que ve es de cartón piedra, construido para los turistas por unos artesanos torpes que no saben cómo ocultar la tramoya y que caen una y otra vez en el ingenuo ridículo de pretender deslumbrar a los occidentales con anuncios de el más moderno, el más grande o el más extraordinario.

Y por supuesto, además de comentarios y opiniones, José Luís Peixoto da noticia también de lo que ve a lo largo de su viaje, que no es poco. Habla de las fiestas y de cómo las celebran los coreanos, de sus entretenimientos, de ciudades y fábricas, de paisajes, de las carreteras y de la comida y del vestido de las mujeres, de la vida en el metro de Pyongyang y de los niños. Y, una y otra vez, de museos, monumentos y escenarios diversos donde el régimen se afirma y construye un mundo idealizado a mayor gloria de los amados líderes que iluminan el camino a la victoria final frente a los enemigos.

Seguramente el culto superlativo a la personalidad de los padres de la patria, Kim Il-sung, y de su hijo Kim Jong-il fallecidos pero mantenidos en un cielo trasladado a la tierra a base de enormes estatuas o de recuerdos allí donde dejaron su huella es lo que más va a llamar la atención del lector por lo excesivo y lo despegado de la realidad. Y agotada la capacidad de sorpresa será lo que más inquietud le va a generar en la medida en que es la expresión de un delirio colectivo que envuelve a la sociedad coreana, sin aspecto de tener fisuras, y que la empuja por la senda del conflicto con el resto de países -China incluida- que la rodean.

Dentro del Secreto cuenta un largo viaje y una extensa reflexión sobre un país insólito como es Corea del Norte. El hecho de que sea un portugués quien lo escribe da, sin duda, un matiz especial al relato y que sea un escritor más que un analista o un simple ´narrador´ de un viaje añade al libro un rico juego de registros. Quien quiera rasgar la envoltura que guarda el secreto de la Corea del Norte para enterarse como José Luís Peixoto de lo que se cuece dentro no tiene más que sentarse en un sillón y empezar a leer su libro.

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viernes, 23 de junio de 2017

El crisantemo y la espada

El crisantemo y la espada

Ruth Benedict
Alanza, 2011
384 pp.

Japón se revela no sólo como un país de cultura distinta de la occidental sino también como tan contradictorio que resulta incomprensible. El crisantemo y la espada profundiza en las raíces de la cultura japonesa para ayudarnos a comprender al país y a sus gentes.


Ruth Benedict
Alanza, 2011
384 pp.





El crisantemo y la espada se publicó por primera vez en 1946. Es un estudio de corte antropológico para entender Japón, su cultura y la mentalidad de sus gentes. Y después del tiempo transcurrido la pregunta que surge en primer término es si el Japón del que habla el libro tiene que ver con el Japón actual, si los japoneses no han cambiado tanto desde entonces que poco de lo que en el momento de publicarse el libro era cierto lo es en el momento presente.

Empecemos contando la historia del libro porque tiene su interés. En el curso de la Guerra del Pacífico, durante la Segunda Guerra Mundial, el gobierno norteamericano se plantea cómo interpretar el comportamiento de los japoneses en la contienda, su empecinada resistencia a pesar de su inevitable derrota y sobre todo qué hacer cuando gane la guerra y deba gestionar su victoria. ¿Cómo son los japoneses, cómo tratarlos y qué hacer con el país?

Para afrontar tantas preguntas se dirigen a una de las antropólogas de mayor prestigio en el momento y le encargan el estudio de cómo son los japoneses: cómo son en realidad, más allá de las apariencias. Porque a pesar de que hay mucha literatura escrita sobre ellos, lo que se desprende de lo que han dicho quienes los conocen es, no sólo confuso, sino radicalmente contradictorio. Los japoneses son de una cortesía extrema pero también de una brutalidad extraordinaria. Son de una fidelidad sin fisuras a quienes los mandan pero también rebeldes e insumisos en la misma medida. Son sutiles en sus gustos y sensibles hasta el último matiz, pero son igualmente rudos y descuidados en lo que afecta al cultivo y a la apreciación de la belleza. La ferocidad y el carácter primario del samurái convive con la espiritualidad que emana de la cultura japonesa y ambas, ferocidad y espiritualidad, se entienden hermanadas y formando parte de la misma cosa.

El crisantemo y la espada, un título que refleja la contradicción a la que se enfrenta el estudio, sigue siendo un libro extraordinario. Hay que leerlo con atención porque es un estudio profundo y con más contenido del que pudiera parecer a primera vista. No es el resultado de un análisis periodístico. Va mucho más allá, y paso a paso va abriendo temas con el fino bisturí de conceptos bien asentados para poner orden a esas contradicciones que aparecen una y otra vez y que requieren ajustes muy finos para su interpretación.

Ruth Benedict pone de relieve que Occidente ha estado mirando a Japón desde una cultura, desde una lógica y empleando un sentido común totalmente extraños a la cultura japonesa. Y es justamente un cambio de perspectiva, construyendo nuevos conceptos, lo que se precisa para empezar a comprender el alma japonesa y los principios que la guían.

Un montón de dichos conceptos es lo que nos desvela Ruth Benedict y desmiga para hacérnoslos digeribles a fin de ayudarnos a comprender las líneas maestras que orientan el comportamiento y el punto de vista de los japoneses. On, giri, chu, gimu, haji, jicho…  definen auténticas corrientes subterráneas que condicionan la vida de millones de personas sin que occidente haya sido capaz de percibirlas o de analizarlas en profundidad. Sin que haya podido conjugarlas para entender cómo juegan todas ellas al mismo tiempo y muchas veces en conflicto unas con otras, con resultados aparentemente inexplicables.

Entrando, además, en asuntos tan variados como la historia, la educación de los niños o la religión, el mundo japonés se revela en El crisantemo y la espada como un mundo extremadamente complejo. Pero hay que volver a la pregunta formulada al principio de si la situación al término de la segunda guerra mundial, la que sostiene el análisis que efectúa la autora, tiene todavía vigencia y si los japoneses, más orientados hoy al manga, el anime y la cultura pop, tienen algo que ver con los kamikazes que encomendándose al emperador se sacrificaban precipitándose sobre los barcos norteamericanos.

La respuesta no es evidente y quien visite Tokio o lea a Murakami sentirá la tentación de decir que hablamos de ‘japones’ distintos. Japones que han roto la línea de continuidad que los unía y que no se reconocen siquiera como de la misma familia. Pero no es tan sencillo llegar a esta conclusión que, además, seguramente no es la correcta.

Japón sigue siendo un país opaco. Es un país nuevo en muchas de sus formas de vivir y en el aspecto de sus ciudades que se han occidentalizado de manera evidente. Es un país decididamente moderno. Pero nada de ello impide que las mismas corrientes subterráneas que actuaban cuando la autora emprendió su investigación sigan haciéndolo ahora sobre un tablero de juego actualizado y más orientado al futuro que al pasado.

Carlos Rubio escribió su interesántisimo ‘El Japón de Murakami’ estimulado por la misma pregunta de si el Japón actual guarda o no relación con el mundo y con la cultura de los que procede. Y su respuesta es que si, aunque hubiera podido parecer que no a primera vista.

A pesar de que el encargo que recibió Ruth Benedict sea hoy cosa del pasado, El crisantemo y la espada sigue siendo un libro plenamente vigente, un libro complejo y sin embargo de lectura muy fácil. Quizás demasiado fácil porque invita a disfrutar de él leyendo de corrido cuando tal vez habría que tener papel y lápiz al alcance de la mano para ir apuntando conceptos e ideas que nos van a sonar a nuevos. Un libro que va a abrir nuestros ojos a una realidad que nos es desconocida y que no vendrá nada mal leer antes de visitar Japón o simplemente si se siente curiosidad por conocer mejor el país.

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