jueves, 2 de abril de 2009

Etiopía, hombres, lugares y mitos


Juan González Núñez
Mundo Negro, 2006
223 pp.



 

Tres ediciones y una cuarta en preparación para actualizar y ampliar el texto avalan este libro de aspecto excesivamente humilde. 

Lo de la humildad se entiende viniendo de la editorial Mundo Negro, cuyas aspiraciones no pasan por arrasar en los mercados. Pero una portada tan triste, una maquetación interior tan pobre, y una corrección de erratas tan mejorable supone dejar en manos de la Providencia demasiados flecos que debieran haber correspondido al trabajo editorial.
 
Y con este principio tan poco alentador, nada mejor que apresurarse a aclarar que estamos ante un libro del todo recomendable –casi imprescindible- para cualquiera que tenga interés en asomarse a la historia de Etiopía. Digo imprescindible a sabiendas de que el autor –él mismo lo advierte- no es un experto en asuntos de historia, ni el libro intenta ser un texto erudito que siente cátedra en los temas sobre los que versa.

Ocurre con Etiopía, hombres, lugares y mitos que no es mucho lo escrito en español sobre Etiopía. Pero con independencia de ello, y sobre todo, el hecho es que que el contenido del libro está expuesto con una claridad y fluidez que hacen de la lectura un ejercicio fácil, estimulante y lleno de interés.
 
Lo curioso es que el libro funciona muy bien, a pesar de que se sitúa en una óptica parcial –o a lo mejor habría que decir que funciona bien precisamente por ello. El autor es un sacerdote, un misionero con muchos años de permanencia en el país y que lo ha vivido en circunstancias muy diversas: en paz y en guerra. Pero lo importante es que concentra su mirada y articula su historia resaltando la tradición y en el carácter cristiano que vertebra el discurrir de la nación etíope.
 
Nada de ello, lo advierto ya, lo utiliza Juan González Núñez para hacer proselitismo misionero. Todo lo contrario. Su posición es abierta, comprensiva y respetuosa en extremo. Pero sirve al libro para establecer un hilo de continuidad que facilita al lector la comprensión y la asimilación de las claves de una historia poco conocida, lejana y para los españoles totalmente ajena.
 
En contra de lo que aconsejaban los renovadores de la historiografía, ésta es una historia de reyes y de personajes ilustres, muchas veces santos. Los que después de leerla quieran ir más lejos, deberán entrar en las profundidades de los flujos económicos, de las raíces de las relaciones y los conflictos entre pueblos y comunidades, y de las verdaderas apuestas que ponían en juego las pugnas entre religiones, ideologías y fidelidades de diverso signo.
 
Pero como introducción clara sobre quienes marcaron con su impronta el devenir de este imperio excepcional que ha sido el etíope, de tradiciones míticas incrustado en África, y sobre todo para empezar a conocer los principales acontecimientos que desde épocas lejanas hasta hoy han ido marcando su carácter singular, este libro resulta una lectura inmejorable.
 
No he mencionado expresamente la independencia de criterio que muestra el autor y la ponderación con que trata de enjuiciar los hechos de los que habla. La prudencia acompaña a sus comentarios y se agradece especialmente cauando trata, aunque someramente, los hechos más recientes. Hayle Selassie recibe una mirada comprensiva, que sin embargo no evita la crítica firme hacia una monarquía que no supo adaptarse a las exigencias de los nuevos tiempos. Y los regímenes salvadores que en nombre de la modernidad y de la justicia vinieron después son duramente enjuiciados a la vista de los métodos que emplearon y a los resultados de su cosecha. Especialmente reveladora me pareció su posición en torno a la Iglesia Etíope y a la labor misionera de los católicos en Etiopía. Me llamó la atención como un tema tan específico como este último puede desvelarse desde una perspectiva histórica y ética de forma tan estimulante.
 
La reedición del libro, que algunos enterados aseguran que está en curso, seguramente abundará en estos últimos asuntos que se asoman con fuerza al presente. Si llega a ver la luz, los lectores tendremos ocasión de celebrarlo porque tendremos entre las manos, con mayor razón todavía que hoy, un  libro magnífico.

1 comentario:

Miguel Briongos dijo...

Salió ya la edición anunciada para 2009. El aspecto es más que mejorable, pero no debería disuadir al lector de emprender la lectura.